Mis labios difuminan en un
sonido leve y vendido las palabras, pero aun así no logro conseguir que se unan en mí, y las bocas parlan-chinas de
corazones desolados que murieron a mí alrededor solo me dan confusiones más
allá de acciones y de procesos diluidos en mares sin final.
Ella me mira con paciencia y
dice querer de mí lo mismo que todos dicen: nada no quiero nada de ti solo tu
amor, pero eso no es cierto ella quiere a otros y a mí solo me utiliza y ella
lo sabe pero yo soy quien lo digo.
La muerte que me asecha y la
paciencia que me excita en ocasiones, a esperar la adrenalina de los actos que
destruyan lo que soy. Muerte al par de rosas que tenía mi abuela antes de morir
en su lecho y lozanía decían que soñaría con ese momento el resto de mi vida, y
así ha sido desde que tengo pesadillas con las dos personas en las que me he
convertido.
Yo solo soñaba con irme de tu lado porque amores como el tuyo solo clavaban la espina de una rosa a la que nunca podría llegar a lo suave de su pétalo.
Era de noche y algo vibraba en mi interior, las ganas de asesinar las palabras que un día perdieron valor.
Amor, me decían las perras
del bar que ayer olvide su nombre, muerte a los indolentes y a los vacíos como
vos puto simón bolívar que liberaste a un pueblo que sigue más preso que mis
pupilas en tus cráteres bendita luna experta en ser espectadora de amor y
engaños en la oscuridad de una noche lúgubre y sentimental.
Llegaba el clímax de un acto
intrínseco de poderes que contornean la
divinidad de tu rostro, tal vez por eso debía vivir y no tratar de encontrarte
muerte. El amor a mis delirios y la pasión de mis conciencias caminan sobre tu
pecho que yace en cansados vagones de un mueble viejo y duro que solo sirve de
adorno en la casa de barro que vio crecer a nuestros gatos.
Moriste tu primero pero en
dos segundos caería yo, porque colgarme de una soga nunca fui capaz, y solo
pude atravesar una daga en mi cuello estéril y odiarte por ser quien conociera
a la muerte primero que yo pero ahora voy tras de ti y tu serás quien tenga que
alcanzarme tal vez en el absurdo mas allá.
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